Sr. TIBERI, Palmira Teresa

Queridas hermanas,

A los pocos minutos de iniciado el día de hoy, 14 de agosto 2025, en la Casa San José de Buenos Aires, partió a la fiesta del Cielo, colmada de años y de vida, nuestra hermana

Sr. TIBERI Palmira Teresa

Nació en General Arenales, provincia de Buenos Aires, el 11 de octubre 1923

Profesó en Morón, provincia de Buenos Aires, el 24 de enero 1945

Hija de inmigrantes italianos venidos de Venecia, se radicaron en Junín, provincia de Buenos Aires, viviendo en familia una experiencia de fe y generosidad tal que, de los 8 hermanos, 3 de ellos fueron sacerdotes salesianos, uno salesiano coadjutor y nuestra hermana Palmira, Hija de María Auxiliadora. Cuenta ella misma: “Mi familia, hermosa. Fuimos siempre felices trabajando”. La menor de todos falleció muy joven dejando 3 niños pequeños que Palmira “les hizo de mamá” y cuidó toda la vida.

Ingresó al Instituto a los 18 años. Sumó 46 años como maestra de los primeros grados, de los cuales 32 los vivió en la Escuela María Mazzarello de San Justo (1949-1959; 1961-1962; 1966-1975; 1986-1995; 1999-2023), 9 años en el Colegio María Auxiliadora de Morón (1960; 1976-1983), 5 años en María Auxiliadora de Bernal (1946-1948; 1964-1965; 1984-1985), 1 año, el de su profesión, en el Colegio María Auxiliadora de Palermo (1945) y también 1 año en el Colegio María Auxiliadora de Almagro (1963). Se desempeñó como maestra de labores, asistente de las alumnas internas, maestra de grado, profesora de dibujo y actividades prácticas en el secundario y en la Academia de Artes Profesionales. Fue asistente de las aspirantes, profesora en el Centro de Formación Profesional, catequista, portera y sacristana. “Cada encuentro con ella era sentir el regalo de su sonrisa agradecida, de alguien que ha vivido feliz su vocación” en la amabilidad, comprometida con la vida.

Una hermana relata que, cuando Palmira hizo su primera comunión, le pidió al Señor una “larga, larga, larga vida”. ¡Y el Señor la escuchó! Su centenaria y fecunda vida, lúcida y plena hasta el final, ha despertado innumerables recuerdos compartidos a lo largo de esta jornada de despedida, llena de cariño y gratitud. “Siempre dispuesta a vivir con sencillez y naturalidad el querer de Dios, realista y alegre”. “Todas la queríamos”.

En los años ’90, siendo miembro de la comunidad de San Justo, la Hna Palmira iba tres veces por semana al Hogar del Menor ubicado en la antigua quinta Santa Cecilia dependiente de la Municipalidad de Morón. “Con profundo amor y en forma silenciosa, con humildad y sin esperar nada a cambio, preparaba a los niños al bautismo y primera comunión, incluyendo en algunas oportunidades, a los adultos de la Institución”. Así expresaba la directora de entonces, exalumna de la Hna Palmira: “En los difíciles tiempos que nos tocan vivir, a los que hemos llegado por falta de amor y respeto, ella es un ejemplo a seguir”. Dice otra exalumna: “Un honor haber sido su alumna, la dulzura personificada”. “Bendita Palmira, tan dulce y tan firme en la fe, siempre haciendo lo que hiciera falta, calladamente y con una sonrisa”. “Gracias por dar la vida por nosotros”. “Mi cariñoso recuerdo y mi profunda admiración”.

En ocasión de sus bodas de oro de profesión, así expresaba el salesiano celebrante: “¡Cuántos años de servicio a las niñas en el aula! Su perfume fue el gran amor que puso en todo lo que hizo. Amor, pasión, preocupación, para que las chicas fueran todas santas y buenas”. “¡Mi maestra de la infancia! Dejaste en mi corazón mucha enseñanza y amor”, expresa una exalumna.

La Hna Palmira mostró su interioridad también en la pintura de hermosos cuadros y en los detalles del culto litúrgico.

En el año 2014 recibió la “Distinción Divino Maestro”, premio que otorga anualmente el Consejo Superior de Educación Católica (CONSUDEC) en Argentina a los educadores destacados, propuestos por sus comunidades, en reconocimiento a su trayectoria educativa.

Otra experiencia que la involucraba de lleno era la peregrinación anual al templo del Sagrado Corazón en San Justo, parroquia a la cual pertenecía la comunidad. La Hna Palmira se ocupaba de la preparación varios meses antes, invitando a todos a juntar pétalos de rosas que se arrojaban desde un helicóptero cuando la imagen de la procesión llegaba al lugar de la celebración. ¡Cuántos pétalos de rosas caían como lluvia de bendición para todos los que buscaban en el Corazón de Jesús alivio y consuelo!

Sus muchos años también le trajeron dolencias que sabía ofrecer. Dice ella misma: “Siempre trabajé con gusto, pero con sacrificio por mi poca salud”. En menos de una semana comenzó a desmejorar su respiración y su corazón, dejándole a cambio una profunda paz que la fue inundando poco a poco, animándola a vencer el miedo a estar sola y a entregarse al abrazo largamente esperado. “¡Me llamaron! ¡Adiós, hermanas mías! Me voy enamorada del primer amor. Llevo mis manos vacías y mi corazón lleno de esperanza”.

“¡Inolvidable Hna Palmira! Damos gracias a Dios por tu vida, tu entrega y tu inacabable alegría salesiana”. Te adelantaste al Cielo para celebrar con toda la Iglesia a la Virgen en su Asunción: intercede por la paz, fruto de la bondad y la alegría que caracterizaron tu vida.

Ofrecemos por la querida Hna Palmira nuestra oración de sufragio.

Hna Silvia Boullosa
Inspectora ARG