Sr. CALVI, Elena Beatriz
Queridas hermanas,
el día 24 de marzo 2026, a las 6:46 horas, en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires, partió anticipando el misterio de la Pascua que se aproxima nuestra hermana
Sr. CALVI Elena Beatriz
Nació en la Ciudad de Buenos Aires, el 6 de agosto de 1930
Profesó en Morón, Pcia. de Buenos Aires, el 24 de enero de 1951
Pertenecía a la comunidad de la casa San José de Buenos Aires
“Mi familia estaba constituida por mis padres y tres hijas. Papá fue comerciante y, más tarde, empleado en una empresa durante 30 años. Mamá fue ama de casa hasta que, al quedar viuda a los 52 años, estudió pedicuría y ejerció esta profesión durante 15 años. Viví una infancia y adolescencia feliz en el ambiente sano y piadoso de mi hogar”. Así recuerda la Hna Elena su experiencia familiar. Y continúa: “Los tres primeros años los cursé en el Colegio María Auxiliadora del barrio de Barracas, en la ciudad de Buenos Aires; los demás, hasta recibirme de Maestra Normal Nacional, en el colegio de Bernal, ciudad donde papá construyó nuestra casa en 1939”.
Al recordar cómo inició su vocación dice: “A los siete u ocho años sentí por primera vez que podía ser como mis maestras; con el tiempo sentí que Dios me llamaba a ser FMA. Entonces pensé recibirme y trabajar unos años en la docencia para dejar a mis padres el fruto de mi trabajo. Pero, al finalizar el secundario comprendí que, si no entraba al año siguiente, después me sería mucho más difícil partir”. Sus padres quedaron perplejos con su decisión, pero después le dieron el permiso, convencidos que sólo se es feliz siguiendo la propia vocación. Ya cerca de su profesión perpetua, la Hna Elena les escribe: “Puedo decirles con entera verdad que me encanta esta vida de austeridad y de entrega a la causa de Dios”. Esta fue seguramente la fuente de la serenidad que irradió toda su vida en el servicio fiel vivido con grande amor.
Una compañera de los años de formación, con quien celebró en enero pasado su 75° aniversario de profesión, expresa: “Viví con la Hna Elena en el Noviciado y puedo decir que siempre sembró serenidad, alegría y mucha paz donde estuvo”.
Los primeros cuatro años de su profesión estudió contemporáneamente el profesorado de Francés y Latín y completó como alumna regular el profesorado de Letras que había iniciado rindiendo libre las materias. Fue maestra, asistente, profesora y catequista en las casas de Bernal (1951-1952; 1965-1968; 1974-1977), Almagro (1953-1955; 1964), San Justo (1955-1963; 1990), Río Gallegos (1969-1972; 1985-1986), donde acompañó también el Oratorio en un barrio, San Isidro (1973) y Río Grande (1978-1984).
Desde 1987 hasta 1989 fue Directora de comunidad y Rectora del Secundario de Río Grande. Recordando este tiempo, expresa en sus escritos: “Siempre tuve buena relación con mis alumnas y familiares”. “Qué lindos recuerdos guardo de ella cuando fue mi profesora”, expresa una exalumna.
Luego de estar un año en la casa de inserción de Campana (1990) y en Puerto Deseado (1991), en ambas comunidades como vicaria y en ésta última como Delegada de las Exalumnas, la encontramos en Mar del Plata (1993-1994) catequista y colaboradora en el barrio, y en la casa de La Boca (1995) como consejera, catequista y encargada de la animación pastoral.
Comparte: “Después de jubilarme como docente, desarrollé diversas ocupaciones, hasta que sentí como vocación, dedicarme a la atención de las hermanas ancianas y enfermas”. En efecto, fue enviada a la Casa San José en el año 1996 y allí permaneció hasta el presente desarrollando diversas tareas y responsabilidades: Vicaria, Consejera, asistente de las hermanas mayores para trámites y atención médica y para los ratos libres en la sala de estar, encargada de la crónica y de la redacción de las actas del Consejo local, catequista del personal de la casa. Testimonia una hermana enfermera con quien vivió muchos años: “Siempre tuvo un excelente trato con las hermanas, buenas palabras, era “más que buena” y piadosa. Las empleadas gustaban los espacios de catequesis y oración cuando ella los ofrecía”.
De carácter libre, espontáneo, que podía parecer despreocupado y abstraído de lo concreto de la vida, delicada y fina en los detalles, creativa y paciente en su presencia, la Hna Elena fue muy querida por las hermanas mayores a quienes se dedicó con vocación de servicio y que, convirtiéndose ella misma con el paso de los años en necesitada de cuidados, sabía agradecer con su bella sonrisa cuanto recibía. “Sonreía con el corazón y los ojos”, expresa una exalumna. “Era íntegra, afectuosa, agradable en sus conversaciones, muy culta en sus conocimientos”.
Si bien pudo superar varios momentos críticos en su salud, fue desmejorando lentamente las últimas semanas. Hasta que, la mañana temprano de hoy entregó su último suspiro al Señor en profunda serenidad y paz, como vivió su vida.
Querida Hna Elena, ¡nos has hecho bien! Intercede por nuestra Inspectoría desde la paz sin fin que te envuelve hoy.
Ofrezcamos por esta querida hermana nuestra oración de sufragio
Hna Silvia Boullosa
Inspectora ARG