Comunicaciones

Carta de la Hna Silvia Boullosa a las Comunidades Educativas 13/09/2025

Córdoba, 13 de septiembre de 2025

Querida Comunidad Inspectorial

Iniciando este mes primaveral, que con su brisa llega y despierta de forma diferente a cada región de nuestra vasta geografía argentina, deseo llegar a ustedes envuelta también en este aire fresco que aún traen lo vientos de las sudestadas y de la realidad climática que va viviendo nuestra madre tierra.

Así nuestra “parra” de la Casa Inspectorial, que también recibe el clima como viene y cuando la miro se nota que ella guarda la sorpresa de sus brotes y nosotra/os la esperanza de verlos. Será su tercera primavera.

En esta identidad Inspectorial, que en “lo pequeño y silencioso crece el Reino”, les agradezco a todos aquellos que pudieron estar presencialmente en la celebración y fiesta de la Gratitud en la casa María Auxiliadora de Almagro y a todos los que se hicieron sentir ese día con sus saludos y cercanía.

Además, llegó el momento de compartir con ustedes el destino encontrado para la valiosa ofrenda de dinero que cada comunidad me hizo llegar a través del Economato, cuya suma es de $ 31. 923.000. Siempre me sorprende y me emociona la generosidad de las comunidades y se los agradezco junto al Consejo Inspectorial.

Para comprender juntos la motivación del destino, los llevaré a pasear un poco por la historia de nuestra presencia salesiana en Argentina, compartida con nuestros hermanos Salesianos.

Los Salesianos celebran este año los 150 años de la llegada misionera en América y Argentina. Nosotros celebraremos la llegada misionera de las Hijas de María Auxiliadora en América en el año 2027 y en Argentina en el 2029. En este contexto de “memoria y profecía”, y sabiendo que desde los inicios estuvimos trabajando junto con los Salesianos, fue muy fuerte y significativo el apoyo mutuo para llegar a los lugares más inhóspitos, llevando la presencia de Dios humano y la respuesta al llamado evangelizador.

Ahora, los invito a no cansarse: los llevo a la lectura de unos párrafos escritos por el salesiano Raúl Agustín Entraigas en su libro “Una flor entre hielos”, dedicado a resaltar a la grande misionera Madre Ángela Vallese. La Patagonia del Sur fue su destino y su opción.

¿Escucharon hablar alguna vez de la misión en La Candelaria? Invito a la comunidad María Auxiliadora de Río Grande que nos lleve y podamos imaginar lo que habrá sido la vida de las y los primeros misioneros y cómo quedó impactada la primera Madre General sucesora de Madre Mazzarello, Catalina Daghero, cuando varios años más adelante las visitó. Vamos!!!……

El 11 de noviembre de 1893 llegan los Salesianos a Río Grande.

“A fines del verano de 1895, la casa de la nueva misión estaba terminada. Monseñor Fagnano había hecho fabricar una dependencia para las hermanas, con todo el “confort” de Tierra del Fuego y compatible con la pobreza Salesiana. Hacía tiempo que la madre Angela suspiraba por enviar a sus hijas a trabajar en la isla grande.
No veía la hora de despedirlas, para que fueran a ensanchar el horizonte del reino de Dios. Finalmente, a fines de marzo de 1895, partieron las misioneras rumbo a la Candelaria el 2 de abril, el “Torino” vapor adquirido por Monseñor Fagnano para la misión, en el Rio Grande. Iban además el prefecto apostólico, Padre Juan Zenón y varias religiosas. La madre Vallese había elegido nuevamente a Sor Lucia Ruffino como directora, y además las hermanas Rosa Massobrio y Rosa Gutiérrez. Como ayudante, iba una Aspirante con el significativo nombre de María Auxilio Oyarzún.
Apenas llegaron, se pusieron al trabajo, había tanto que hacer en esa bendita casa que había sido siempre administrada por hombres!!. En sus crónicas dice el padre José: “la misma tarde que llegaron dieron un principio a sus tareas, colocando todas las cosas en el lugar que se les destinó. Los indios Onas miraban con tamaños, ojos, a seres extraños de negros vestidos y blancas tocas. Al principio no había forma de hacerlos acercarse a ellas, pero bien pronto, la caridad de las religiosas cautivó no solamente su confianza, sino su afecto. Los Onas eran indios más bien desarrollados que los Yaganes y Alacalufes. Eran llamados “indios de a pie”. A las religiosas las llamaron “pingüinos” y a quien conoce el hábito de las hijas de María Auxiliadora se dará cuenta que, con el respeto que merecen, tenían un parecido. Al día siguiente de la llegada Monseñor Fagnano, acompañado de Pedro Gama, un indígena civilizado, salió en busca de una tribu amiga. Por el camino la encontró. Iban rumbo a la misión. Habían visto el humo del “Torino” y se acercaban de acuerdo al consejo recibido por el padre, Beauvoir.
Marchaban en fila india: tristes, hambrientos, desnudos. Y con un frío de varios grados bajo cero. Al buen Obispo, se le llenaron los ojos de lágrimas y los condujo a todos a la Candelaria, y antes de presentar las mujeres a las religiosas les dio frazadas para que se abrigaran. A las pocas horas, tenían levantado su toldo cerca de la misión.
Las hermanas eran los ángeles tutelares de esa desdichada raza Ona, fuerte, altiva y hermosa, que comenzaba
a presentir los primeros síntomas de su agonía. Esos aborígenes no pudieron resistir el avance de la civilización. Su organismo virgen caía vencido por toda su suerte de epidemias. Esas humildes religiosas, fueron pues los Ángeles que Dios les envió para que velaran sus últimas horas. Junto con los misioneros Salesianos, ellas harán lo imposible para mantener encendida la lámpara de esas vidas que se iban apagando. Pero inútilmente. Había sonado la hora de la extinción del estirpe de los “Selknam”. Los misioneros enseñaron a los indígenas fueguinos a morir con la sonrisa en los labios y el corazón abierto a la Esperanza. Y ¡vive Dios que para los que tenemos fe, vale más enseñar a morir que enseñar a vivir!.
Las hermanas tienen la bella noticia que llega la madre General, Catalina Daghero a la Argentina.
También la misión de la Candelaria se lucía en la recepción de la superiora. La Madre Catalina les llevó abundantes y valiosos regalos en vestidos, mantas y otros regalitos.
Después de la visita que fue tan importante para la comunidad y para todo el Instituto, tuvieron la grande desgracia de un fuerte incendio. Todos los esfuerzos que hicieron los misioneros para extinguirlo fueron vanos. El fuego pasó del galpón a la casa de las hermanas, luego a la de las Indias, y de allí a la iglesia. De la iglesia, a la de los Salesianos e indios, que no se detuvo, hasta no dejar reducida la misión a un montón informe de escombros y ceniza caliente. El cuadro era tristísimo; a la desolación del siniestro, se unían los alaridos de los indios que se desesperaban ante el terrible flagelo.
Desde Punta Arenas, la madre Angela, sobre quien gravitaba toda la responsabilidad de la misión, experimentó en esa ocasión, todos los espasmos del más intenso, dolor, de ese dolor, que es una agonía sin muerte. Con mucho sacrificio y arriesgando la vida, porque el mal tiempo por el viento y las grandes olas se hizo difícil pasar con el vapor “Amadeo”, para llevar a los desamparados moradores de aquel páramo fueguino, utensilios de cocina, un buen número de frazadas, vestidos y bolsas de harina. Afortunadamente los amigos de la obra Salesiana dieron pruebas de una generosidad que los honra y don José Méndez puso a disposición a los misioneros para que fueran en el “Amadeo”.
Ambos superiores, contribuyeron a que la misión, como el ave fénix, renaciera de su cenizas. Pero no quedará ya sobre la loma, donde los terribles vientos australes, cortan las carnes, sino que quedarán al resguardo de una acantilado, allí cerca del cabo Domingo.”

¿Cómo se sienten después de escuchar un poco de esta historia?

Podemos reconocer que los Salesianos y nosotras, Hijas de María Auxiliadora, fuimos cuidadores de los espacios misioneros desde el inicio, y por esa razón tenemos un rico patrimonio en común. Uno de ellos es la misión de La Candelaria, en Río Grande, que está en restauración en este momento. Los salesianos de la Inspectoría Argentina Sur “Ceferino Namuncurá” hicieron y presentaron un proyecto a Misiones Salesianas, cuyo costo total es de $ 214.214.000. El trabajo ya se inició, pero no lograron la financiación de todo. Falta para cubrir ese total del proyecto $ 63.300.000.

La información que sigue es extraída del Proyecto. La restauración abarca la casa de las FMA, la Capilla en el centro, la casa de los SDB y la parquerización de ese entorno para poder movilizarse con fluidez por los senderos que unen las tres edificaciones.

INTRODUCCION AL PROYECTO DE RESTAURACIÓN EN LA MISIÓN DE “LA CANDELARIA

Con motivo de preservar nuestra historia, se procedió a recopilar el presente estudio de situación y elaborar una propuesta de conservación, restauración y readecuación de los primeros emplazamientos que permitieron la actividad salesiana en la Isla de Tierra del Fuego.

En las últimas décadas y, a pesar de los mantenimientos rutinarios, se puede observar un deterioro en las tres estructuras históricas enmarcadas en el centro del Instituto Salesiano.


Dicha acumulación de daños tiene diversos orígenes; principalmente el clima marítimo, los crudos inviernos y los fuertes vientos patagónicos. Pero además se ha podido observar que, reparaciones parciales o mal ejecutadas en el pasado, empeoraron la situación de algunos sectores.

Estos factores, y la antigüedad de las estructuras hace necesario que se realice un proyecto que ejecute, al menos en primera instancia, una obra de recuperación y resguardo para que, posteriormente, se le añadan todos los elementos necesarios con el objetivo de que puedan ser abiertos a la comunidad minimizando cualquier riesgo y realzando su interés patrimonial.

SITUACION GENERAL / IMPLANTACION

La Misión Salesiana “Nuestra Señora de la Candelaria” se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad de Río Grande, y hoy en día es un Instituto Agro-técnico de gran importancia para la comunidad local. Los edificios que componen el centro logístico de su actual función se emplazaron rodeando parcialmente los tres edificios más antiguos: 1-La Capilla histórica; 2-La Casa de la Misión, donde estaban los dormitorios de los nativos; 3- El Taller de las Hermanas de María Auxiliadora, donde se les enseñaba labores a las mujeres nativas

Estos edificios históricos quedaron circunscriptos en una parcela que funciona como rotonda de acceso vehicular al complejo. En esta parcela se dejaron objetos que formaron parte de la historia y que, junto a los tres edificios, se busca conservar y revalorizar.

Visualización del Proyecto

Querida Comunidad Inspectorial, como pueden ver, nuestra casa en La Candelaria estará en la posibilidad de ser visitada por peregrinos; estamos destinando, entonces, el aporte de la fiesta de la Gratitud a esa grande suma que aún falta. Lo nuestro parece poco, pero es realmente mucho frente a otras necesidades que tenemos. Sin embargo, apostamos a colaborar con este patrimonio misionero que nos impulsa a “reavivar el fuego” de la entrega de hoy en casi todos los rincones de la Argentina en los que estamos presentes.

Agradezco el reconocimiento de este gesto por parte del Padre Inspector, Darío Perera, y los hermanos salesianos. Y ojalá que sigamos caminando y ayudándonos recíprocamente como lo vivieron nuestros primeros misioneros/as que apoyaron la misión en común.

Un gracias a todas las Hermanas que han vivido en la misión de La Candelaria y celebran con nosotros, desde el Cielo, los 150 años de la llegada misionera a América. Gracias a todas las hermanas y comunidad educativa del Colegio María Auxiliadora, que hasta el día de hoy está en Río Grande, “el fin del mundo”, y seguimos juntos creyendo “en el Dios que ama a los jóvenes”.

Un abrazo fraterno en este Año Jubilar y de Santidad misionera con nuestra próxima Santa Sor María Troncatti. Ella interceda por todos, para que tengamos un corazón apasionado por el Reino, como lo tuvo ella.

Con mucho cariño,


Hna Silvia Boullosa
Inspectora