Comunicaciones

Circular N° 1052 Madre Chiara Cazzuola

El Maestro está aquí y te llama

Queridísimas hermanas:

Estas son las palabras que Marta dirige a su hermana María, llorando por la muerte de su hermano Lázaro (Jn 11,28). Me gustaría leer esta frase del Evangelio, actualizándola en el hoy de nuestras vidas. El Maestro está aquí, está a nuestro lado y todavía nos llama. Vivimos en un tiempo de gracia y belleza en la Iglesia, incluso en el sufrimiento causado por las guerras y la violencia que afectan a la humanidad. Por eso, comparto con vosotras lo que hemos vivido y estamos viviendo en los últimos meses, que considero verdaderamente especiales para nuestra vida cristiana y de mujeres consagradas Hijas de María Auxiliadora.

Un clima vocacional
El primer pensamiento nos remite al Jubileo de los Jóvenes, vivido en Roma del 28 de julio al 3 de agosto de 2025, por cerca de un millón de jóvenes venidos de todo el mundo, incluso de países en guerra. Quisiera subrayar su numerosa y entusiasta participación en este acontecimiento eclesial. Hemos visto por las calles de Roma multitudes de jóvenes serenos y sonrientes caminando, cantando, rezando. También los hemos visto rezar ante la Eucaristía, haciendo cola para recibir el Sacramento de la Reconciliación, silenciosos y atentos a la palabra del Papa León XIV, por quien se dejaron involucrar, en una llamada única y personal, a revisar y repensar sus vidas en clave de futuro.
El Santo Padre tocó las cuerdas de sus corazones, recordándoles el sentido del infinito, de la vida más allá de las cosas que pasan, más allá de lo que puede procurarnos placer, pero es transitorio y precario.
Ante la grandeza de esta inmensa multitud de jóvenes, incluso algunos medios de comunicación no católicos han tenido que reconocer honestamente la fuerza de la Iglesia en ser una «voz» que convoca, que sabe hablar a las nuevas generaciones, sintonizar con ellas e identificar sus anhelos ocultos.

Por otra parte, este Jubileo nos ha presentado la verdad de los jóvenes, en este momento de la historia, pensando también en los 5.000 miembros del Movimiento Juvenil Salesiano que se reunieron en la tarde y en la noche del 30 de julio en Roma-Cinecittà, en la plaza del barrio y que el 2 de agosto recibieron, precisamente del Rector Mayor P. Fabio Attard y de mí, el mandato misionero, llegando luego a Tor Vergata. Esta multitud de peregrinos, tan insólita, alegres, coloridos en sus banderas, en sus camisetas, en sus rostros, asumieron con seriedad y alegría las palabras del Papa León XIV que, interceptando las preguntas más profundas del alma joven, mostró a todos el camino para ser hombres y mujeres de luz y esperanza, artesanos de paz. «Jesús nos dice: ‘Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 13-14). Y hoy vuestras voces, vuestro entusiasmo, vuestros gritos -todos ellos por Jesucristo- serán escuchados hasta los confines del mundo. Hoy estáis empezando unos días, un camino, el Jubileo de la Esperanza, y el mundo necesita mensajes de esperanza; vosotros sois este mensaje, y teneis que seguir dando esperanza a todos.. (Palabras pronunciadas improvisadamente por el Papa León XIV a los jóvenes después de la Santa Misa presidida por Mons. Rino Fisichella, al final del paseo «papamóvil», Plaza de San Pedro, 29 de julio de 2025).

El Jubileo de los Jóvenes nos deja un mensaje claro: los jóvenes están abiertos a los valores del Espíritu, disponibles y educables. Muchos de ellos son fruto de comunidades cristianas que caminan juntas en la fe, les acompañan a descubrir el sentido de la vida y les ayudan a comprender su vocación. Me parece importante, para nosotras, Hijas de María Auxiliadora, acoger este mensaje como una llamada, una confirmación para volver a apostar no solo por los jóvenes, sino también por la fuerza del Evangelio y de la espiritualidad salesiana; sobre todo lo que somos y que aún podemos dar, porque esperan esto de nosotras, esperan que nosotras les mostremos el camino. No somos sólo compañeros de viaje, sino indicadores del camino, como san Juan Bautista, que se convierte en mediación viva para conducir a sus discípulos a Cristo: «He aquí el Cordero de Dios». Luego desaparece para dejar J que ellos conozcan y encuentren al Señor Jesús.

Una presencia que genera vida y ardor misionero
Un tiempo de gracia fecundo fue también el de las tres Veríficas Trienales en el Continente Americano. En la experiencia compartida, lo que surgió como un componente esencial fue un fuerte sentido de pertenencia al Instituto, el reconocimiento de una misma en la identidad salesiana común, a pesar de las evidentes diferencias de cultura, idioma y costumbres. Hijas de María Auxiliadora, laicos y laicas, se encontraron todos en el camino post-capitular y con la mirada ya puesta en el Capítulo General XXV. La experiencia de la fraternidad, de la acogida mutua, del diálogo abierto, de la claridad, de la confrontación leal fue, en mi opinión, una verificación importante también de cómo podemos vivir nuestra espiritualidad en diferentes momentos, en diferentes lugares, sin quitarle nada a ese «color» carismático que Don Bosco espera de nosotras.
Recordemos su afirmación: «Yo hago el esbozo, vosotros pondréis los colores» (MB XI 309).
Nos dimos cuenta de que cada uno/a de nosotros expresaba su propio color y, dentro de cada Conferencia Interprovincial, todas las Inspectorías aportaban su propio matiz irrepetible.
Esto dio una intensidad especial a nuestro encuentro, sobre todo generó la claridad necesaria para la verífica de un camino que se parece mucho a una peregrinación. Vamos hacia la tierra santa de nuestra identidad, de nuestra espiritualidad, hacia la tierra santa del ser, aquí y ahora, Don Bosco y Madre Mazzarello.
Con esta certeza vivimos los intensos días que terminaron en la Inspectoría «San Rafael Arcángel» de Paraguay.

Luego me detuve en esa Inspectoría para una breve visita con motivo de la celebración del 125 aniversario de nuestra presencia en Paraguay. Aprecié la dimensión misionera de esta pequeña Inspectoría, que tiene algunas comunidades misioneras en el Chaco Paraguay. Desafortunadamente, por razones de tiempo, solo pude visitar una misión, pero lo que me dijo el Arzobispo me interpeló y me hizo reflexionar. Al saludarme a mi llegada, me había dicho: «Aquí sólo resisten las Hijas de María Auxiliadora; como ve no hay nadie más, sólo están las Hijas de María Auxiliadora y mientras permanezcáis, incluso en medio de tantos sacrificios, estos jóvenes, estos niños, estas mujeres y esta gente tendrán a alguien que los cuide. En el momento en que abandonéis esta misión, no quedará nadie para cuidar de esta gente».
Al encontrarme con los alumnos de la escuela, ordenados con sus uniformes, educados, disciplinados, serenos, me dije: realmente aquí, en medio del bosque, donde solo existe la realidad de la misión, ¡cuánto bien están haciendo mis hermanas y con qué generosidad y desapego! Me sentí interpelada y, al mismo tiempo, pensé que esto todavía podía ser una llamada viva para nosotras, para el Instituto, ahora mismo, en la inminencia de la canonización de Sor María Troncatti: ella, una pequeña gran mujer que vivió en la selva ecuatoriana con un intrépido corazón misionero. Imagino que, tal vez, su ambiente era más o menos como el que vi en Paraguay y pensé en cuánto era capaz de sacrificio Sor María vivido en la misión, con total dedicación y amor, junto a sus hermanas y los Salesianos. Tan capaz de sacrificio que transformó y humanizó el entorno en el que trabajó y dio su vida.

Una santidad que contagia

El hilo rojo que nos une a la fecha en la que tendremos la oportunidad de vivir directa o indirectamente la canonización de Sor María Troncatti (19 de octubre de 2025) nos ayuda a reflexionar sobre los dones que estamos recibiendo en este tiempo privilegiado de la vida de la Iglesia y de nuestro Instituto.
El Maestro nos llama todavía. Me parece importante recordar que nuestra vocación es una llamada a la universalidad del amor. De hecho, describiendo el espíritu de Mornese, Don Egidio Viganò decía: «No es un espíritu de invernadero, sino de universo».
Nos estamos preparando para celebrar el aniversario de la primera expedición misionera de las Hijas de María Auxiliadora a Uruguay y me gustaría que esto fuera no solo un recuerdo celebrativo, sino también un itinerario personal de renovación vocacional, de relanzamiento de nuestra vocación, del camino hacia la santidad, siguiendo las huellas y la vida de Sor María Troncatti.

Tenemos muchas razones, en este momento, para escuchar la invitación del Maestro. Pienso en la canonización de Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que tuvo lugar en Roma el 7 de septiembre de 2025: un joven adulto y un joven adolescente, no muy lejos del tiempo en el que vivimos. Pienso en cuánta fascinación ejercen a nivel global, cuánta admiración, pero también en el deseo de vivir la santidad. Nosotras, las Hijas de María Auxiliadora, no podemos dejar de interpelarnos por estos campeones de santidad juvenil que se nos propone de una manera tan normal y tan posible.
«¿Eres un intolerante?», le preguntaron a Frassati en la Universidad (así se burlaban de los católicos los masónicos-liberales, los social-comunistas y los fascistas), pero su respuesta era franca y segura: «No. Seguí siendo cristiano». En su amistad con Jesús encontró la fuerza para vivir una auténtica vida cristiana en la vida cotidiana: «Jesús me visita cada mañana en la Comunión, yo la devuelvo de la manera miserable que puedo, visitando a los pobres», y sabemos que sus amigos llamaban a San Pier Giorgio «Empresa de transporte Frassati», porque siempre estaba en camino, con su carrito lleno de cosas necesarias para llevar a los pobres.

Sabemos de san Carlo Acutis su disponibilidad al encuentro de Dios, sencilla y cotidiana; su encuentro con Jesús siempre ardiente de fe y amor: «La Eucaristía es mi autopista hacia el cielo». «Si Dios posee nuestros corazones, poseeremos el Infinito». Era un joven que vivía normalmente, con una gran habilidad para la informática, tanto que se ganó el apodo de influencer de Dios. Con espontaneidad y gran humanidad, buscaba a los pobres y los encontraba por la calle y en ellos veía el rostro de Jesús. Realmente podemos definirlo, en palabras del Papa Francisco, como el santo de al lado.

Nosotras, las Hijas de María Auxiliadora, hemos elegido la santidad como camino vocacional, como orientación de nuestra vida. Impulsadas por tantos ejemplos actuales, nos preguntamos: ¿qué espera el Señor de nosotras en este momento a través de los acontecimientos? ¿Cuál es su llamada para nosotras hoy? Pensando en el camino del Jubileo, el camino del Movimiento Juvenil Salesiano, ¿cómo podemos ayudar a nuestros jóvenes a encontrar respuestas a su sed de infinito y de verdad, que les ha motivado a soportar el calor, las colas, el hambre, las diversas dificultades y todo lo que forma parte de un camino por descubrir? ¿Qué propuestas ofrecer para que la santidad juvenil siga brillando en la Familia Salesiana como deseaban Don Bosco y Madre Mazzarello?

El Papa León XIV recuerda que «Pier Giorgio y Carlo cultivaron el amor a Dios y a sus hermanos y hermanas a través de medios sencillos, al alcance de todos: la Santa Misa diaria, la oración, especialmente la Adoración Eucarística». Y luego «la confesión frecuente» (Homilía, 7 de septiembre de 2025).
Carlo escribía: «Lo único que realmente debemos temer es el pecado»; y se sorprendía porque «los hombres se preocupan mucho por la belleza del propio cuerpo y no se preocupan por la belleza de su propia alma». Pier Giorgio decía: «Alrededor de los pobres y los enfermos veo una luz que nosotros no tenemos». Llamaba a la caridad «el fundamento de nuestra religión» y, como Carlo, la ejercía sobre todo a través de pequeños gestos cotidianos, a menudo ocultos.

Me parece que todo esto puede leerse como una invitación a volver a la santidad vivida con alegría, una santidad simpática, fascinante, capaz de contagiar e involucrar a las hermanas y a los jóvenes.
Si pensamos en la santidad de Don Bosco, lo que llama la atención es su actitud de sencillez y alegría, que hace que lo que en realidad es difícil y agotador parezca natural y simple; es la aceptación de los acontecimientos con su carga de esperanza; es el conocimiento de las personas en todas sus potencialidades; es la simpatía de quien sabe hacer amigo, hermano y padre. Una santidad a la que no le faltan las espinas «invisibles» pero hirientes de la pérgola de rosas.
El secreto debe buscarse en el corazón de Don Bosco, que siempre ha latido al ritmo de da mihi animas cetera tolle. También es necesario que hagamos latir nuestro corazón, como él, en la caridad pastoral viva, encarnada en el don de la predilección por los jóvenes más pobres.
Madre Mazzarello también nos anima a vivir una santidad con rostro alegre, basta pensar en cuántas veces el término «alegría» aparece en sus cartas. Esto no se refiere tanto a un don natural, sino más bien al fruto interior del Espíritu Santo. Ella anima a las hermanas y a las niñas a «seguir adelante con sencillez» (L 24, 4), es decir, a distanciarse de sí mismas, de las cosas y de los acontecimientos, para afrontar la vida cotidiana con equilibrio y sabiduría y acercarse a los demás con verdadera caridad, dulzura, libertad de espíritu y pureza de corazón. La dimensión de la eternidad sostiene una santidad gozosa, con la llamada de santa Teresa de Ávila: «Ánimo, todo pasa, y por eso nada nos turbe» (L 26, 7).

Concluyo invitándoos a unir nuestra voz a la del Papa León XIV para pedir incesantemente el don de la paz en el mundo; también en aquellas regiones donde nuestras hermanas viven en la incertidumbre y el sufrimiento. Invoquemos la paz en las comunidades, en las familias y en nuestros corazones.

Nos encomendamos a María Auxiliadora, Madre y Maestra, para que también nosotras, junto con las comunidades educativas, los jóvenes y las jóvenes que encontramos, podamos ser en nuestro día a día artesanos de paz, de reconciliación, peregrinos de esperanza y brillemos como pequeñas luces, signos del amor preveniente y misericordioso del Padre, en todas partes.

Un cordial saludo a todas y a cada una.


24 de septiembre de 2025

Aff.ma madre
Sor Chiara Cazzuola